miércoles, 20 de febrero de 2019

5. ¿Tú me quisiste?

Guanajuato. Enero de 1915

Paralelamente a mi historia con Anita durante ese enero de 1915 las travesuras en el Colegio del Estado llegaban al máximo, había muchos nuevos y a costa de ellos íbamos todos los días a la Presa de la Olla a correr y a que los “chinches”, es decir los novatos, nos compraran pan.

En una de esas correrías nos encontramos en el paseo unas muchachas ya conocidas, pero entre ellas había una que me simpatizaba y mis amigos me instigaron a que me le declarara. Yo que no podía quedar mal delante de los chinches no tuve más remedio que hacerlo en un momento en que sus compañeros la dejaron sola, ya sea porque así daban tiempo para que yo me le acercara: todo fue con éxito, ella me correspondió al punto, quedé bien delante de mis amigos y obtuve una novia de envidia para los demás.

Aurora era alta, airosa, rubia, de un rubio no muy hermoso, pero pasaba, blanca que era una de sus buenas cualidades, ojos zarcos, buenas formas, en fin, que en el conjunto estaba bien, únicamente en su modo de ser era donde dejaba mucho que desear pues era ligera de casos, es decir, coqueta, libertina, voluntariosa, modosa y otras cosas más que la hacían a veces chocante.

Todos los días nos veíamos por las tardes en el Parque de las Acacias, nos abrazábamos y besábamos, pero sin ardor, sin romanticismo, sino como de compromiso, como una cosa ineludible, en una palabra, no nos queríamos.

Entonces busqué la manera de ilusionarme buscando en la tentación carnal algo de aliciente a nuestros amores y ni así. ¿Por qué habrá mujeres tan insípidas? ¿O sería por su presunción por lo que no la llegué a querer? No lo sé…

Una vez me confesó que ella deseaba casarse o cuando menos encontrar un hombre que la tuviera con comodidades, que a ella el matrimonio le salía sobrando, que la verdadera vida era el vivir bien y nada más… me quedé lelo… y le dije “pues entonces conmigo estás perdiendo el tiempo porque yo soy un estudiante de primer año, mi familia no es rica ni yo tengo oficio ni beneficio”. A lo que me respondió: “Pero no lo digo por ti, tonto, a ti te quiero de otra manera, tú eres mi satisfacción, ¿entiendes?”. Sí ─le contesté─, pero en verdad esa manera de pensar en mi tierra tiene otro nombre que pasa de la franqueza…

Yo tenía la convicción de que no me quería, pero sin embargo nunca faltaba a una cita, la que prolongábamos a veces hasta las nueve de la noche, hasta que una vez, lo digo de corazón, obligado por las circunstancias me obligó a que la hiciera mía.

─Tú no sabes en el compromiso que me has puesto ─le decía─, porque si esto lo llegan a saber en tu casa y se les ocurre quererme casar contigo no sé con qué te voy a mantener, pues los dieciséis años de vida que yo tengo no son para tener compromisos ni menos para resolver problemas de esta categoría.

─¿Y quién te ha dicho que te quiero comprometer?. Lo que hemos hecho no es más que una o un capricho mío, mi deseo es buscarme quien mantenga en buenas comodidades y este paso no es más que un gusto, pues al caer, lo quise que fuera con quien me gusta no con quien me ha de mantener, que seguramente será un vejestorio cualquiera, pero con dinero.

─¡Pero Aurora! ¡qué manera de pensar tienes!

─Pues piensa de mi lo que quieras, me tiene sin cuidado, porque el fin justifica los medios, ya lo verás.

Ante esa manera de pensar me dediqué a gozar de ella, hasta que la vorágine revolucionaria me arrastró como a otros tantos de mis compañeros.La dejé de ver, me trasladé a Pachuca y ni más… nuestro eterno placer nos duró dos meses y pasó sin el menor remordimiento y mucho menos de dolor.

Le hice un versito adecuado a ella:

Para Aurora

Una mañana al calor

De un sol embravecido,

Te hablaba yo de un amor

Que jamás había existido.

Y tú con muecas y guiños

Henchida de vanidad,

Te componías los aliños

Creyendo todo verdad.

.─”Yo la amo a usted señorita

Con todo mi corazón,

No quiera usted que repita

Lo impensa de mi pasión.”

.─”Bien comprendo caballero

Que usted me ama de verdad;

Sépase usted que le quiero

Y que lo amo en realidad.”

Y así quedamos unidos

En mutuo engaño los dos,

Que para amores fingidos

No solo los tiene Dios.

¡Que se acabe el jugueteo!

Y es mejor que terminemos.

¿Tú me amaste?... no lo creo.

¿Yo te amé?... pues mucho menos.

Severino. 4 de marzo 1915.

Un año más tarde, cuando torné a Guanajuato, me encontré con la nueva de que Aurora había conseguido lo que deseaba y era querida del gobernador. La vi en el Teatro Principal sentada en una platea, iba muy elegante… me vio… se sonrojo, pero no creo que haya sido de vergüenza porque nunca la tuvo… ni más la he vuelto a ver, ni siquiera a saber de ella.

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