viernes, 8 de marzo de 2019

9. Eres la mujer más femenina a pesar de tu inclina

Guanajuato. Febrero 24 de 1915.

La secta de los hombres negros había nacido. Su fin era la ayuda mutua, en la forma que fuere menester hasta ese día fueron puros hombres los que la formamos, porque admitimos a la primera mujer que se atrevió a obedecer el reglamento interior de la asociación.

«María de Jesús Márquez, ─le preguntó el gran mago de la rosa cruz─ ¿Estás decidida a obedecer y hacer obedecer los deberes de nuestra comunidad?» «Sí mago». «Entonces quedas admitida y ocuparás el sitio que te corresponde».

Esta mujer era una morena blanca, menuda, de ojazos negros, pelo lacio, boca pequeña, su conjunto era de una muñeca, de un valor a toda prueba, en ella no había indecisiones, cuando se le ordenaba alguna cosa la cumplía al pie de la letra sin discutir el porqué.

Desde un principio me gustó, pero la disciplina de la sociedad me detenía, pues el amor entre los asociados estaba penado y fuertemente, a pesar de que yo era el jefe supremo no me atrevía a salirme del reglamento, ni siquiera modificarlo.

Pero esa simpatía mutua fue subiendo al grado que a los ocho meses de agremiada sosteníamos unas discretas relaciones a espaldas de la sociedad.

Un día me pidió un trabajo para ella y la agrupación, consciente de su deber, cumplió a su debido tiempo el encargo de nuestra socia. Era un asunto de familia que ella me agradeció, por la premura que puse en su desarrollo, que ese agradecimiento se tornó en noviazgo, el que guardábamos con el más profundo secreto.

Nos veíamos todos los días en la sala de la agrupación y sobre todo cuando no había nadie, sin embargo, nadie se dio cuenta y menos que habíamos aceptado a nueve mujeres más, así no era extraño que se encontraran todos los días a las asociadas en la sala de reunión… aquel amor fue creciendo porque ella era muy obediente, sumisa, cariñosa, cosa que me iba ganando la voluntad y hasta creo que sí la amaba.

Las horas pasaban raudas cuando nos encontrábamos solos y hasta recuerdo que una vez nos dieron las ocho de la noche en la sala y hasta tuvimos miedo de que alguien nos viera salir en detrimento de mi jefatura, pero la suerte nos protegió porque nadie nos vio.

Cuando estaba solo y la recordaba me ponía a soñar… y me decía: «…eres la mujer con la que había soñado, eres el ideal que yo me había forjado, pues el encanto de tu belleza me lleva a quererte y el encanto de tu carácter me obliga a adorarte, yo que me había vuelto reacio a las lides amorosas, has hecho de mí un hombre nuevo que ve la felicidad en tus ojos bellos. ¿Qué quisiera para que este ideal no se trocara en un desengaño mas la lista ya bien larga de mis sufrimientos? No quiero ni pensar que tú, el bello ángel de mi ideal se trocara en otro fracaso como los que hasta la fecha he sufrido… Solo un defecto encuentro en este amor que por ti he sentido, yo quisiera que fuera únicamente en idealismo, pero desgraciadamente tu cuerpo núbil, tentador me hace a veces olvidar el platonismo para caer en la tentación de la carne y me dio con Nervo:»



Carne, carne maldita, que me apartas del cielo,

Carne tibia y rosada, que me impeles al vicio;

Ya rasgué mis espaldas, con cilicio y flagelo

Por vencer tus impulsos y… ¡es en vano! Te anhelo,

A pesar del flagelo y a pesar del cilicio.



No cabe duda de que soy un irredento, la tentación llegó tan de improviso que un día sin darnos cuenta nos habíamos entregado el uno al otro, no hubo lágrimas, solo amor, mucho amor y nada más…

Nuestras citas se sucedieron sin interrupción hasta el día de mi partida, fue un adiós dulcísimo, que, si hubiera muerto en ese supremo instante, los dolores de la muerte serían de gran satisfacción…

El 24 de febrero de 1915 fue nuestra despedida; no hubo lloros ni promesas falsas para el futuro, solo besos y un «hasta la vista si Dios quiere…» y no lo quiso porque nunca más nos volvimos a ver, ni de ella tengo el más leve recuerdo… creo que ya murió.



Avant de t’en aller vers le sombre rivage,

Chaque jour, chaque instant, te separait de moi,

Car la barque approchait pour l’éternel voyage…

Maintenant, chaque jour nous unit d’avantage,

Je suis tous les instants plus près, plus près de toi!



Ajourd’hui, plus qu’hier, et plus encore demain!

Ainsi, combine de soirs, je pense avec émoi:

“Qui sait si elle me tend déjà la blanche main

Pour m’aider à franchir son abîme lointain!”

…Et je me sens plus près, toujours plus près de toi!...

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