sábado, 13 de abril de 2019

De Ramón López Velarde


Que conste que no me gustaba Ramón López Velarde, principalmente por su poema «suave patria» en el que vomita romanticismo nacionalista, del cual estoy muy lejos. Es injusto que solo se le conozca por esa mamarrachada que recitan los niños en las escuelas cuando hay mejores como este: 

Soy, en verdad, indigno de la mujer sana porque estoy contagiado de la enfermedad de mi tiempo: la pecaminosa inquietud. Y la mujer sana es, para nuestra inquietud rastrera y sin esperanza, como una flor que se concediese al lodo. Porque nuestra inquietud no es la del mancebo sobre quien gotea la cera ardiente de Psiquis. Vamos sin rumbo, solicitados por imanes opuestos, y si una gota de cera nos da el éxtasis, la otra nos quema con lumbre sensual.

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