sábado, 13 de abril de 2019

Microrrelato I

Tiempos que no


No sé pegarle a la pelota, pero nadie lo sabe. Todos piensan que juego bien y sin embargo me siento culpable por engañar a todos los amigos del barrio. Las cicatrices en las rodillas y codos han sido por hacer el esfuerzo de no dejar ir el esférico en los adoquines de la calle. No importa, mi mamá me cura cuando entro a la casa con los pantalones rotos y la playera llena de mugre y tierra. Esos raspones me hacen sentir más grande, creo que la vecina lo sabe y observa desde la acera mi forma de jugar. De reojo me doy cuenta que me mira junto con su hermana y las otras niñas. Debo impresionarla y demostrar que soy el mejor jugador de la colonia, pero si hago el ridí­culo seguramente no volverá a poder verla, es más no sé si me atreverí­a. Mis amigos se burlarán de mí­, otros no entenderán por qué estoy encerrado. Si les digo que me castigaron le preguntarán a mi mamá y sabrían que estoy mintiendo. ¡Ahora tengo la pelota en mis pies! Este es el momento esperado, ¡disparo con todas mis fuerzas! ¡Será el gol más espectacular de todos los tiempos! ¡Ella y mis amigos quedarán sorprendidos! ¡Escucho cómo gritan e inmediatamente se asustan!, ¡¿qué pasó?!, ¡rompí­ el cristal de la ventana del vecino!, ¡se quejará con mis papás como si lo hubiera hecho con maldad!, Es el final... Todo se oscurece a mi alrededor y corro a casa avergonzado mientras el viento seca mi frente. Me castigarán... me castigaré yo mismo. Tras el portazo y el retumbar de las ventanas oigo mi propio llanto. No, no tengo miedo al castigo de mis papás. Simplemente me resulta demasiado bochornoso ser niño. Quisiera ser mayor.

Walter Arias

6-4-17

Guanajuato, Gto. México.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario