domingo, 10 de mayo de 2020

15. Eras buena… mas la suerte no lo quiso…

Pachuca. Septiembre 17 de 1916.

Se habían terminado las vacaciones chicas, como les decíamos nosotros a las del fin de año y después de las inscripciones venían las grandes.

Nuestra atracción principal estaba en la Escuela de Comercio, en donde la inscripción de mujeres alcanzaba un alto porcentaje, pero desgraciadamente no habíamos encontrado nada de nuestro gusto y nos dimos a callejonear en busca de esa distracción que tanta falta nos hacía a los pierdetiempos como nosotros.

Por el rumbo del Topacio había un callejón que se llamaba «Félix Gómez», un poco adentro había una casa de dos pisos con un corredorcito en el cual sorprendí arreglando unas flores a una mujercita más linda que las flores mismas. Me planté en la esquina y permanecí una hora todos los días hasta ajustar ocho; ya le había llamado la atención y parecía que no le disgustaba, pero había una dificultad: sus padres no la dejaban salir ni a la esquina, no iba a la escuela, ni a ninguna parte salía sola. Esto principió a desesperarme y ya me iba a retirar vencido cuando un chamaco se ofreció a ayudarme en el caso; le di una ficha de veinte centavos y lo cité para el día siguiente mientras haría la carta:

         Glafira de mi alma:

Perdóneme el atrevimiento y de la forma incorrecta de mi conducta para comunicarme con usted, pero viendo la imposibilidad de acercarme a usted para decirle lo que por tanto tiempo ha guardado mi corazón.

Pues sí, Glafira, yo la amo con todo mi corazón y quisiera con el alma que usted pudiera asomarme a lo más recóndito de mi pecho, para que creyera en la sinceridad de mis palabras, créame usted que las horas que he pasado viendo hacia su casa, han sido horas de zozobra y de ansiedad dolorosa, pero que al aparecer usted esas se tornaban en delicias…

Yo quisiera saber si usted corresponde a mis afectos, es tanta la impaciencia, que, si usted no se digna a contestar pronto, soy capaz de enloquecer de desesperación.

Sin más y en espera de las suyas, soy todo suyo.

S.

El chamaco era mocito de su casa y hasta creo que ella fue la que me lo mandó, pero fuera lo que fuese me mandó decir que me contestaría al día siguiente… Paciencia, me dije, que ya esta es cosa hecha, y así se lo comuniqué a mis amigos, los que me felicitaron por el triunfo, pues me decían que enamoraba a un imposible.

Al día siguiente:

Severino:

Es tan poco el tiempo que tengo de conocerlo que no sé que deba de contestarle, pero mi corazón, que es el consejero de mi alma, me hace inclinar hacia ese amor que usted dice sentir por mí.

Yo quiero creer en la sinceridad de sus palabras, porque he visto la constancia con que usted se ha portado delante de mi casa y en fin, para qué ocultarlo más. Severino, yo también lo amo, tal parece que al corresponderle con mi amir, era porque ya nos conocíamos de tiempo atrás, quizá sea la dicha la que nos ha unido.

Doy gracias a Dios que me ha dispensado a un hombre que me brinca un amor puro, el cual espero nunca será capaz de darme un desengaño.

Suya con el alma.

G.

P.D. Mi casa llega hasta el otro lado del callejón, si usted quiere tomarse la molestia de ir mañana a las 5 pm estaré esperándolo con gusto.

¡Me canso! Les dije a mis amigos: no cuenten conmigo de las cinco en adelante.

Fui puntual. Mientras yo la buscaba por toda la barda se me apareció por una puertecita. ¡Qué encanto! ¡Qué suerte la mía! Era preciosa, no esperé más y a riesgo de que nos vieran le besé su diminuta mano que ella me ofreció. Fue una hora de delicioso amor, nos despedimos con un beso en la boca que por poco me desmaya… ¿Qué me estaré enamorando? Ya nada más eso me faltaba, pero pensándolo bien, ella se merece todo, ¡Es tan linda! Que soy capaz de eso y más… pero ¿qué más? Si lo único que podía yo brindarle era mi amor ¡Qué optimista!

Nuestras entrevistas amorosas se sucedieron sin interrupción y siempre con la misma dicha, ya me había ganado la voluntad y hasta me hacía falta, porque ansiaba el momento de la cita para estar con ella y solo después de haberla visto, la ansiedad se transformaba en euforia.

Ya casi mis amigos me habían cortado de su compañía, porque nunca contaban conmigo, pues había conseguido que ella me diera otra cita a las diez de la mañana y eso hacía que el tiempo fuera todo para ella y cuando no la veía mi pensamiento la tenía presente.

Pero el destino y la suerte quiso que yo la perdiera. La muerte de su madre hizo que su padre, decepcionado de su suerte, se trasladara a Oaxaca, su tierra, para terminar allí sus días, así lo expresaba a sus amigos el día del sepelio.

Se fue, sí, a buscar un consuelo para su alma, pero a mi me partió, pues cuando ya la quería o más bien la adoraba, me la quitó para siempre… no quiso decirme adiós y se fue para siempre… porque nunca más supe de ella…

Fue la segunda mujer de que me hubiera enamorado…

Fragmento

Han pasado los años y ya nunca

he vuelto a ver a quien dejara trunca

la más grande ilusión del pecho mío…

Pero de aquella despedida aún queda;

¡una lágrima cáustica que rueda

Por mi doliente corazón vacío…!

C.D.R.


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