lunes, 29 de junio de 2020

20. Tu amor pasó pronto, pero sí fue cierto…

Pachuca. Enero 7 de 1917.

Nuestro lugar de esparcimiento eran las ventanas de la Escuela de Comercio y a través de las vidrieras llamábamos la atención del alumnado. Desde afuera distinguí a una morenita de ojos traviesos que me llamaba mucho la atención, estuve alerta a la salida de todas las muchachas y tan luego como la vi me fui tras ella hasta llegar a su casa por las calles de Abasolo.

Ella era una morena flacucha, de cara graciosa y de ojillos traviesos. Esa travesura que siempre tenía a la mano era lo que me sugestionaba.

Me correspondió luego y la confianza entró en nuestros corazones desde el primer día. La esperaba a la salida de la escuela por la noche y hacíamos la larga calle de Abasolo en casi dos horas. Era muy efusiva y le agradaban demasiado los mimos de los cuales la llenaba; besaba como una fiera coma como si quisiera haberme comido.

Me decía muchas veces: «mira Severino, no trates de engañarme porque yo soy muy celosa no sé detenerme cuando me entra la furia». «No seas tonta. ¡Qué te voy a engañar!», y por dentro me decía: «si supieras cuántas como tú se creen las únicas». «Por eso te quiero tanto por bueno y porque demuestras tu cariño».

Todas estas tonterías y otras más me soltaba en sus momentos de locura, pero lo que no sabía era que yo tenía otras novias más a quien consecuentar. Sin embargo, era ella la que más me llamaba la atención.

Nuestro amor estaba llamado a no ser duradero, porque ella en su bullicio y su amiguerío no tardó en saber que yo tenía otras novias, y un día se plantó de jarras y me dijo: «Severino tengo que hablarte seriamente, nos vemos en la noche donde siempre».

Por la noche la esperé, la tomé del brazo, caminamos un momento en silencio por las calles hasta que al fin decidió hablar: «Severino yo te quiero y la prueba más fehaciente de ello ha sido mi gran cariño, pero tú no has sabido aquilatarlo y es la última vez que nos vemos, no me preguntes más y bésame por última vez». Nos besamos hasta la saciedad casi hasta llegar a las puertas de su casa, con esa sed de cariño… claro como era la última vez que nos veíamos… y lo cumplió porque no volvimos a vernos. A pesar de mis desvíos yo sí la quería, era muy graciosa, muy loquita…

Fragmento

¡Adiós, mi bien! Es el postrer instante …

pero seca en tu pálido semblante

¡ay! ese llanto que vertiendo estás,

lejos me voy, tristísimo y errante, mas no te olvide el corazón jamás.

¿Jamás?...

¿No más, mi bien? De querubín el canto

es la palabra que diciendo estás …

¡Adiós…! ¡un beso!… ¡beberé tu llanto!

─¿Te olvidarás de la que más te ama tanto…?

─¡Jamás, mitad del corazón…! ¡Jamás…!

Campoamor.


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